Hay luz en tus años...

Resulta que cuando no quiero escuchar una música o un músico específicos, apelo a las selecciones. Por ejemplo, esa que el sello Los años luz me envió como regalo institucional en el 2004 y con el que, invariablemente, la paso genial.

A algunos de los intérpretes los escuché por primera vez en ese compact: Neli Saporiti, Zaida Saiace, Santiago Vázquez, Minino Garay. A otros los conocía de diferentes citas musicales: hablo de Fernando Samalea, Christian Basso, Silvia Iriondo, Carmen Baliero, artistas todos distinguidos por la virtud de la sutileza. Y a algunos más como los entrañables Mogilevsky y Lerner, la demoledora Liliana Felipe, el sorprendente Axel Krygier y el, para mí gusto, supremo Kevin Johansen, los tengo ubicados en los mejores estantes de mis gustos musicales.

Eso pensé desde que escuché el catálogo de Los años luz. ¡Qué alta sociedad de sueños sobrevuela este potpurrí!; ¡cuántas buenas respuestas artísticas a los cruciales temas de la identidad musical y de la independencia! ¡Qué modos delicados de entender las complejidades de la creación musical y los requerimientos del mercado!. Y además pensé: qué difícil debe ser armar un catálogo equilibrado, que llame la atención, que genere difusión, prensa, ventas y auténtico, genuino interés público. Que conforme el presente, pero que tenga la suficiente fuerza y envergadura y solidez como para permanecer. Con toda seguridad, el catálogo de Los años Luz aportó luminosidad a estos años difíciles. Y volvió a confirmarnos, por si alguien lo dudaba, que con arte y artistas, con creadores y creación propia, con emprendimientos y emprendedores y, en especial, con música, todo es posible. Todo es mejor.

Carlos Ulanovsky